(parálisis obstétrica, parálisis de miembro superior del recién nacido, parálisis del plexo braquial en el niño)
Se denomina lesión obstétrica de plexo braquial a toda lesión producida durante el parto ya sea por trauma directo, elongación, hematoma y/o fibrosis.
Estas lesiones se asocian en general a posiciones fetales distósicas (anormales) del hombro, la cabeza o el brazo.
Durante mucho tiempo se vieron como un mal manejo en las maniobras del parto, ya fueran de las obstetras o ginecólogo actuante. Hoy sabemos que la mayoría de las veces es por niños de un peso alto: 4 a 4,5 kg, y mala colocación en el canal del parto, por lo cual al comenzar las contracciones del motor uterino, cada contracción empuja a la criatura contra la sinfisis púbica de la madre produciendo una apertura cada vez mayor del ángulo hombro-cabeza hasta producir la elongación, distención, ruptura de los cordones nerviosos, hasta avulsión (arrancamiento de la médula).
La formación de un hematoma en este sitio (fosa supraclavicular) se puede transformar en un bloqueo imposible de salvar para el impulso nervioso (flujo axoplasmatico), trasformándose en un tumor fibroso (llamado técnicamente "neuroma de amputación").
 
En ocasiones, los axones (nervios) en crecimiento logran pasar este obstáculo, produciendose lo que se denomina "neurotización intraplexual espontánea", esto es que los cordones nerviosos no coinciden con sus correspondientes cabos distales. La consecuencia de esto es una movilidad anormal, anárquica, de la cual resultan movimientos ineficientes y sin utilidad para el movimiento del miembro superior.

El sesenta y seis por ciento de estas lesiones se recuperan espontáneamente, porcentaje en el que concuerdan todas las estadísticas mundiales. Pero ese treinta y cuatro por ciento restante es lo que obliga al cirujano a estar muy atento en el control de la evolución de estas criaturas, para que, en el caso que no haya una evolución motora (movilidad - esbozo de contracción del bíceps) al cabo del cuarto o quinto mes, se debe proceder a la exploración quirúrgica, una liberación y/o una eventual reconstrucción con injerto. Es por esto importante poner estas criaturas a la brevedad posible en manos de especialistas con experiencia en el tema para su correcto seguimiento.

 
 
Gilbert y Tassin (Francia) de notable experiencia en este campo son terminantes en este punto: si al cabo del tercer mes no se evidencia movilidad en el músculo bíceps (esto es esbozo de movimiento de flexión del antebrazo sobre el brazo), está formalmente indicada la exploración quirúrgica. Nuestro criterio, tal vez más conservador, sugiere del cuarto al sexto mes de vida para indicar la intervención. Este es el ideal que no siempre se logra o encuentra, y reiteramos aquí lo que dijimos antes sobre los tiempos, no excluye a niños mayores de la posibilidad de una reparación quirúrgica que puede devolver el movimiento a un brazo paralítico.
El porcentaje de recuperación en las lesiones de plexo braquial en los niños es muy alta. La poca distancia entre los extremos lesionados y la enorme capacidad de crecimiento de estos, hace de esta una cirugía exitosa en el mayor número de casos. Esto, en manos de equipos quirúrgicos con experiencia, es de mínimo a ningún riesgo y puede hacer la diferencia entre un ser humano totalmente normal a un inválido de por vida.
 
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